¿Cuánto vale un buen Mundial… aunque no ganes la copa?
Hay personas cuyo valor de mercado puede multiplicarse por diez en apenas unas semanas.
No estoy hablando de acciones en la bolsa, de criptomonedas ni de una startup de inteligencia artificial. Estoy hablando de un portero de cuarenta años. Lo apodan Vozinha y juega para la selección de Cabo Verde. Antes del Mundial de 2026, su valor de mercado estaba estimado en apenas 50 mil euros; unas semanas después, esa estimación había aumentado hasta 500 mil.
Diez veces más.
Confieso que esa historia, como mínimo, despertó mi curiosidad.
Durante el Mundial hubo una comparación que apareció una y otra vez en periódicos, noticieros y redes sociales. Se decía que algunas selecciones nacionales valían más que el producto interno bruto de varios países. Era una comparación llamativa y, como suele ocurrir con este tipo de estadísticas, desapareció casi al mismo tiempo que terminó el torneo. Sin embargo, conforme pasaban los días, me di cuenta de que aquella no era la pregunta interesante. Saber cuánto valía una selección antes del Mundial era apenas una fotografía. Lo realmente atractivo era averiguar qué había ocurrido después. ¿El torneo había cambiado la forma en que el mercado valoraba a los futbolistas o simplemente había confirmado lo que ya se sabía de ellos?
La explicación más sencilla para el caso de Vozinha parecía evidente: había jugado un gran Mundial. Pero esa respuesta me llevó inmediatamente a otra pregunta. ¿Qué es exactamente lo que compra un club cuando decide fichar a un futbolista? ¿Compra lo que el jugador hizo hasta ayer o lo que cree que será capaz de hacer mañana? Después de todo, ¿cómo puede una persona valer diez veces más en apenas un mes? ¿Acaso se volvió diez veces mejor portero entre junio y julio? La intuición dice que sí, pero basta pensarlo un momento para darse cuenta de que esa no puede ser la respuesta completa.
Como suele ocurrirme cuando algo me genera demasiadas preguntas, terminé haciendo lo que hacen millones de aficionados al fútbol: abrir Transfermarkt. Confieso que pasé ahí más tiempo del que probablemente recomendaría cualquier econometrista entrenado. Pero la búsqueda valió la pena.
Necesitaba una forma razonable de seguir la pista al mercado, y Transfermarkt parecía un buen punto de partida.
Si aquello había ocurrido con un portero de Cabo Verde, ¿qué habría pasado con una selección completa? Y, siendo mexicano, la primera candidata para averiguarlo era bastante obvia.
No tardé mucho en descubrir que la respuesta era menos sencilla de lo que imaginaba. Unas semanas después del Mundial, Don Memo (Ochoa) anunció su retiro de la selección mexicana y dejó de aparecer en la plantilla que muestra Transfermarkt. Parece un detalle menor, pero no lo es. Si quería comparar el antes y el después, necesitaba seguir comparando exactamente a los mismos jugadores. Hasta en el fútbol, las comparaciones injustas suelen producir conclusiones injustas.
Durante un buen rato la pantalla de mi computadora estuvo llena de nombres y sumas. Iba agregando jugador tras jugador, convencido de que al final encontraría una historia bastante aburrida. Confieso que hice la suma una segunda vez. Pensé que me había equivocado.
No era así.
Los mismos veintiséis convocados habían incrementado su valor de mercado en 23 millones de euros, al pasar de 191.85 millones a 214.85 millones. Es decir, casi un 12 % más en apenas unas semanas. No, la Federación Mexicana no encontró un maletín con 23 millones de euros olvidado en un vestidor. Lo único que cambió fue la forma en que el mercado comenzó a valorar exactamente a los mismos futbolistas.
El aumento del valor de la selección mexicana no parecía extraño. Después de todo, Roberto “El Piojo” Alvarado, Érik Lira, Raúl Rangel y Johan Vásquez habían firmado un gran torneo y vieron aumentar su cotización después del Mundial. Todo hacía pensar que el crecimiento estaría repartido entre buena parte del plantel.
Pero los números contaban otra historia: Casi dos terceras partes de toda la revalorización provenían de un solo jugador.
Se llamaba Gilberto Mora.
Antes del Mundial, Morita, como le decimos ya muchos aficionados, estaba valorado en 10 millones de euros. Después del torneo, su estimación alcanzó los 25 millones. Un aumento de 150 % en apenas unas semanas. La conclusión fácil sería decir que el Mundial convirtió a Morita en un futbolista dos veces y media mejor. Pero esa explicación resulta tan poco convincente como pensar que Vozinha se transformó, de pronto, en un portero diez veces superior.
El contraste con Santiago Giménez resultaba igual de interesante. Llegó al Mundial como el futbolista mexicano mejor cotizado, consolidado en un club como el AC Milan y con un mercado que ya lo conocía muy bien. Su torneo estuvo por debajo de las expectativas de muchos aficionados y, sin embargo, su valor permaneció exactamente en 18 millones de euros. La última actualización de Transfermarkt seguía siendo la del 29 de mayo de 2026, antes del Mundial. El torneo, simplemente, no había aportado suficiente información nueva para cambiar la valoración que el mercado ya tenía sobre él.
Fue entonces cuando entendí que llevaba un buen rato haciéndome la pregunta equivocada.
El Mundial no estaba cambiando a los futbolistas. Estaba cambiando la información disponible sobre ellos.
Mi memoria futbolera tiene muchas limitaciones (por decirlo amablemente), así que hice lo que cualquier investigador hace cuando sospecha que una historia puede repetirse: volver a los datos. No tardó mucho en aparecer un nombre conocido: James Rodríguez.
Cuando comenzó el Mundial de Brasil 2014, James ya era un extraordinario futbolista del AS Monaco. El torneo no lo convirtió en un mejor jugador. Lo que hizo fue ponerlo frente a los ojos de todo el planeta. Después de terminar como máximo goleador, su valor de mercado aumentó de 35 a 60 millones de euros y, pocos días más tarde, el Real Madrid terminó pagando alrededor de 75 millones por su fichaje.
James ya estaba ahí. El Mundial simplemente hizo imposible seguir ignorándolo.
Fue entonces cuando entendí algo que iba mucho más allá del fútbol.
Los mercados también aprenden.
Igual que nosotros cambiamos de opinión cuando conocemos mejor a una persona, los mercados cambian sus valoraciones cuando reciben información nueva. En economía diríamos que esa información reduce la incertidumbre. Visto así, un Mundial no solo enfrenta selecciones nacionales; también ayuda al mercado a descubrir quiénes son realmente esos futbolistas.
Creo que fue en ese momento cuando empecé a mirar el Mundial de otra manera. Mientras nosotros discutimos quién fue el mejor jugador del torneo, en muchas oficinas deportivas ocurre otra conversación. Hay directores deportivos tomando notas, representantes haciendo llamadas y visores comparando nombres. El Mundial también es eso.
Lo único que había cambiado era la cantidad de personas que, por fin, sabían de lo que aquellos futbolistas eran capaces. Y, mientras nosotros seguimos recordando goles, atajadas o eliminaciones, el mercado ya está haciendo otra cosa: está decidiendo en quién confiar, por quién apostar y cuánto está dispuesto a pagar.
Insisto: Vozinha nunca atajó diez veces mejor que un mes antes. Morita nunca se convirtió, de pronto, en un futbolista dos veces y media superior. Santiago Giménez tampoco dejó de ser un gran delantero por un Mundial discreto. James Rodríguez no aprendió a jugar fútbol durante Brasil 2014.
Lo que había cambiado nunca fueron los futbolistas.
El talento no empieza a valer más cuando cambia la persona. La persona empieza a valer más cuando el mundo descubre lo que siempre fue capaz de hacer.
Lecturas recomendadas
- Transfermarkt. Historiales de valor de mercado de la selección mexicana y de los futbolistas mencionados.
- Transfermarkt. Metodología de valoración de mercado.
- FIFA. Ranking Mundial FIFA (junio y julio de 2026).
- FIFA. Resultados oficiales de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Alejandro Mosiño
Última actualización: 5 de Agosto, 2026.