Versión extendida de mi colaboración publicada en el Periódico Correo el 28 de marzo de 2025.
México y la receta de la felicidad
Dicen que los mexicanos somos expertos en ser felices. El nuevo Reporte Mundial de la Felicidad 2025 nos da la razón: México entró al selecto grupo de los 10 países más felices del planeta. Sí, “aunque usted no lo crea”.
Pero, ¿cómo ser tan felices cuando nos enfrentamos diariamente a un montón de problemas sociales y económicos, que incluyen, entre otros, una creciente percepción de inseguridad y “mandados” cada vez más caros? Quizás la felicidad mexicana es, más bien, un acto de rebeldía económica: si ya no podemos comprar una casa, al menos nos alcanza para las chelas; si el tráfico es insoportable, hacemos terapia grupal con memes; y si la política está para llorar, mejor reímos o la ignoramos.
La sorpresa que genera este resultado dice mucho sobre la forma en que solemos pensar el bienestar. Con frecuencia asumimos que la felicidad depende principalmente del ingreso, del empleo o del acceso a bienes materiales. Sin embargo, el Reporte Mundial de la Felicidad utiliza una medida distinta: pregunta directamente a las personas qué tan satisfechas están con su vida en una escala de 0 a 10. No mide cuántas veces sonreímos al día ni cuántos días pasamos de buen humor. Intenta capturar algo más amplio: cómo evaluamos nuestra vida en conjunto. Y ahí es donde México sorprende.
La felicidad también importa para la economía
Detrás del humor, ser felices tiene implicaciones económicas importantes. Diversos estudios han demostrado que los trabajadores felices no solo sonríen más, sino que también son más productivos y más creativos, además de que se ausentan menos del trabajo, toman mejores decisiones y muestran mayor capacidad de adaptación ante las crisis. Algunas investigaciones incluso han encontrado incrementos cercanos al 13% en productividad asociados a mayores niveles de bienestar. Países con índices altos de felicidad tienden a tener economías más resilientes, mayor innovación y un mejor clima para los negocios. De hecho, invertir en bienestar podría ser tan relevante como invertir en infraestructura o tecnología, ya que los retornos en productividad y crecimiento pueden ser considerables.
Por supuesto, esto no significa que la felicidad sustituya las políticas públicas ni que el optimismo resuelva problemas estructurales. Pero sí nos recuerda que el bienestar no es únicamente una consecuencia del desarrollo económico; también puede convertirse en uno de sus motores.
La curiosa paradoja de la felicidad
Sin embargo, existe una curiosa paradoja: cuanto más obsesivamente perseguimos la felicidad, menos probable es alcanzarla. A esto, los especialistas en psicología positiva lo llaman la “paradoja de la felicidad”. Cuando convertimos la felicidad en una meta permanente, terminamos evaluando constantemente si somos suficientemente felices. Y esa comparación continua suele generar exactamente lo contrario de lo que buscamos.
La clave parece estar en dejar de perseguir la felicidad directamente y enfocarnos en cosas que aportan significado y propósito: amistades sinceras, actividades gratificantes, proyectos valiosos y metas que van más allá de la satisfacción inmediata. Quizás los mexicanos dominamos esta paradoja de la felicidad desde hace tiempo, disfrutando de lo simple, lo cotidiano y lo espontáneo. O quizás simplemente hemos desarrollado una notable capacidad para encontrar momentos de bienestar incluso cuando el contexto no ayuda demasiado.
¿Y qué pasa en Guanajuato?
Pero así como entre países, la felicidad seguramente también varía entre los estados de México. Guanajuato, por ejemplo, es un estado dinámico, líder en exportaciones e industria automotriz, pero que también enfrenta desafíos sociales importantes. ¿Seremos los guanajuatenses igual de felices que el promedio nacional? ¿O acaso nuestra felicidad está marcada por un contexto particular, entre callejoneadas, festivales culturales y la mezcla constante entre tradición y modernidad? La pregunta no es menor. Si algo ha mostrado la investigación reciente sobre bienestar es que factores como el sentido de comunidad, la confianza, la vida cultural y las relaciones sociales pueden ser tan importantes como algunos indicadores económicos tradicionales.
No contamos todavía con mediciones suficientemente
detalladas para responder con precisión a todas nuestras
preguntas, pero sería interesante saber si la geografía
de la felicidad dentro de México se parece a la
geografía del crecimiento económico o si ambas siguen
caminos distintos.
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## Una forma rentable de sonreír
Sí, México es contradictorio, complejo y a veces caótico. Aparecer entre los países más felices del mundo no elimina nuestros problemas ni debería utilizarse para minimizarlos. En todo caso, el resultado nos recuerda algo importante: las personas son más que sus ingresos y el bienestar es más que el crecimiento económico.
Al final, entre tacos, música, amistades y sobremesas familiares, parece que los mexicanos hemos encontrado una forma relativamente rentable de sonreírle a la vida.
Y usted, ¿qué tan feliz es?
Lecturas recomendadas
- World Happiness Report 2025.
- Gallup World Poll.
- Kahneman, D. y Deaton, A. (2010), High Income Improves Evaluation of Life but Not Emotional Well-Being.
- De Neve, J. E. et al. (2024), Does Employee Happiness Have an Impact on Productivity?
- Easterlin, R. A. (1974), Does Economic Growth Improve the Human Lot? Some Empirical Evidence.
Alejandro Mosiño
Última actualización: 22 de Junio, 2026.